Cada etapa deja un resultado verificable antes de pasar a la siguiente. No hay atajos: si una credencial no se emite correctamente en el dispositivo, el proceso se detiene y se revisa el caso con el equipo antes de continuar.
Antes de empezar: qué conviene tener a mano
El alta no es un formulario largo ni una entrevista. Es una secuencia corta donde tú decides qué atributo se verifica y qué queda fuera. Estos son los pasos tal como los ejecutamos hoy, con sus tiempos y sus puntos de fricción reales.
Antes de tocar cualquier dispositivo, acordamos qué se va a verificar: mayoría de edad, residencia, pertenencia a una organización o vigencia de una matrícula. Si el caso pide varios atributos, se separan en credenciales distintas para que puedas presentar solo la que haga falta en cada trámite.
La cartera se instala en tu teléfono o en el equipo de la organización. En ese momento se crea un identificador descentralizado con sus claves: la privada nunca sale del dispositivo. Si el hardware es antiguo o no tiene módulo seguro, lo advertimos aquí y no después, porque condiciona el resto del proceso.
La verificación de identidad ocurre en el propio dispositivo. El verificador compara la captura con el documento o con la plantilla que ya tenías registrada, y esa comparación no se transmite. Lo único que se emite es una prueba sobre el atributo acordado en el paso uno, no la imagen ni la plantilla biométrica.
El emisor firma la credencial y la deposita en tu cartera. Ahí queda bajo tu control: puedes mostrarla, guardarla o revocarla. En este punto revisamos contigo qué metadatos viajan adjuntos, porque una credencial mal definida puede filtrar más contexto del necesario aunque el dato principal esté protegido.
Hacemos una prueba con un verificador real, no en entorno de laboratorio. Tú presentas la credencial, el verificador comprueba la firma y responde sí o no sin ver el resto de tu información. Si algo falla, suele ser por reloj desincronizado, conectividad o una versión antigua del protocolo en el lado del verificador.
Acordamos de antemano qué pasa si pierdes el teléfono o si un atributo deja de ser válido. La revocación se publica en el registro correspondiente y la credencial deja de aceptarse. Sin este paso cerrado, el alta queda a medias: una credencial que no se puede invalidar es un problema, no una comodidad.
Si quieres ver antes cómo se comporta el modelo en casos concretos, revisa los recursos sobre credenciales verificables o escríbenos desde contacto con el atributo que necesitas probar.